viernes, 1 de mayo de 2020

El desarrollo de los procesos de conciencia e identificación popular de los sujetos subalternos, que se dan en reacción al contexto represivo que vive Nicaragua durante la dictadura somocista.




            Nicaragua ha sido una nación marcada por diversos acontecimientos históricos que han mediado en su conformación político-ideológica actual. Especialmente en el siglo XX  se presentan acontecimientos trascendentales en el marco de las guerras civiles, motivadas por los ideales sandinistas, estos procesos revolucionarios fueron muy inclusivos y no solo se centraron en el uso de la fuerza y las armas, sino que dentro de un proceso ordenado y abarcador se integraban  objetivos incluían la educación de los campesinos e indígenas (los cuales nunca habían formado parte de un sistema de enseñanza), dicha población era al fin tomada en cuenta para un proyecto Nación, que nacía desde abajo. “Le enseñaba a leer a los campesinos usando la parte de atrás de las hojas de platanillo, eso se raya y quedan letras”(Cabezas, p. 91) dichos procesos de concientización fueron transformando la visiones del pueblo y en especial de la población marginada, a la cual se le plantaba la semilla de las luchas sociales y el bien común. Con respecto a los movimientos indígenas en Nicaragua, Cabezas menciona: “Tratamos de traspolar sus viejas luchas ancestrales de Adiac, recordándoles cómo fueron despojados, cómo fueron sometidos y cómo liberales y conservadores fueron empujándolos y quitándoles las tierras”. (p. 22). Los procesos de concientización y educación generaron en el pueblo una imagen positiva y fueron desarrollando una identificación popular que al final serían pieza clave para el triunfo de la revolución.
            La creación de identidades sociales  apartadas de la ideología dominante no son procesos fáciles ni rápidos, por el contario son proyectos violentos y algunas veces inalcanzables. En el contexto nicaragüense la ideología socialista nace a principios del siglo XX con Augusto César Sandino, quien en su repudio por la ocupación estadounidense en su país, movilizó grupos revolucionarios que respondieran en contra del régimen.  Lo mismo había sucedido ya en otros territorios de la región como México. El desencanto neocolonial se comenzaba a sentir en todo el continente y en especial en los países donde el aparato institucional era dominado por empresarios de EEUU, como en Cuba y Nicaragua, lo que llevó al favoritismo de la clase elitista y al desplazamiento de los grupos marginales.
            El testimonio de Omar Cabezas narra desde un contexto donde perviven aun los ideales sandinistas (los cuales no desaparecieron a su muerte), donde la conciencia de clase y los ideales del bien común permanece por un lado entre la clase intelectual y por otro a través de la tradición oral. “los sandinistas quedaron aislados después de la muerte de Sandino, y empezaron a educar a sus hijos en esa tradición, a alimentar ese sentimiento contra los yanquis que nos ocupaban, que nos intervenían y nos humillaban” (p.115)
Para comprender mejor el desarrollo de las identidades en Nicaragua es importante contrastar primero  “la identidad popular” que se conforma en contra de  “la identidad nacional”, en la que no existe una identificación, pues los grupos subalternos no están integrados con un proyecto de nación, sino que más bien se mantienen al margen de toda cuestión social: educación, salud, tierras, derechos laborales, entre otros. La identidad de la cultura popular (marcada por una inmensa mayoría) será la que irá abarcando terreno  poco a poco, hasta convertirse en cultura de masas y posteriormente cultura nacional.
Identidad popular
La definición que Ileana Rodríguez escribe una cita de Gramsci en la que  hace referencia a  los sujetos subalternos en relación con un grupo marginado;  según él, “Un  grupo subalterno es aquel que todavía no  cobra conciencia de su fuerza y posibilidades  de desarrollo político” (2009, p 256). La referencia anterior hace alusión a un colectivo sin conciencia de clase, los cuales han caído en la pasividad dentro de un  sistema dominante que predica su ideología de dominación mediante sus aparatos ideológicos o bien mediante la represión, es así como la identidad, la ideología y el sistema político  se mantiene consensuados aunque sea por la fuerza y la ignorancia.  Gramsci define  la hegemonía
como una forma de dominación en la cual la coerción y la violencia no desaparecen, pero sí coexisten con formas de  aceptación del poder y la dominación más o menos voluntarias o consensuales por parte de los sujetos subalternos(p.124).  Vale la pena recordar las máximas de George Orwell (1987) cuando estableció “La guerra es la paz” para referirse a los esfuerzos del Estado por mantener el estatus. “La ignorancia es la fuerza” (p. 2)  esto porque la educación  no es prioridad, pues interesa más que el individuo no cuestione, sino que solo obedezca.
Los ideales sandinistas surgen así como una alternativa visionaria en contra de los ideales hegemónicos, sus primeros esfuerzos se centraron en la educación como medio de liberador de pensamiento y por ende se establecen así  las bases para una conciencia de clase que irá tomando fuerza y desplazando las visiones  de identidad nacional propuestos por la hegemonía. Nicaragua aparece entonces como una región de identidades heterogénea y en conflicto permanente, no obstantes los métodos impositivos y represivos de la clase hegemónica llegan a puntos extremos de violencia, desatando así el descontento general. Al respecto Omar Cabezas ejemplifica algunos métodos utilizados por el gobierno contra los opositores:
Les rompieron el camastro de madera, les quebraron la mesa, sus huacales, sus ollas de barro, los sacaron a  empellones, y los amarraron a un árbol a los dos ancianitos, y una vez amarrados, los mataron a golpes, luego sacaron al niño de tres meses de las ruinas de la  casa y lo empezaron a tirar para arriba; cuando el niño venía cayendo para el  suelo, ponían la bayoneta calada en los fusiles, para que el niño quedara ensartado allí (1982, p 115)
            La conciencia de clase en función de la solidaridad de los grupos marginados y la lucha por una igualdad real y una vida digna en contra del sistema imperialista                       es lo que lleva al frente sandinista a tomar fuerza, su consigna “patria o muerte” revive el espíritu revolucionario que acompañaron otras campañas de reivindicaciones sociales como el caso de México o Cuba, donde los grupos una vez marginados pasaron a tomar un papel protagónico, cuyas  voces y discursos  permitieron forjar identidades nacionales e incluso ir más allá de sus fronteras hasta crear un imaginario de una Latinoamérica unida y en solidaridad frente a las luchas sociales. Según Elisa Trejos (1990) América Latina inicia su propio descubrimiento por el impacto que genera en el movimiento popular la ruptura del mito del gigante invencible.(p. 30).   Dichos gigantes estuvieron constituidos por  los poderes o gobiernos  de influencia  imperialista y neoliberal.
            El frente sandinista recibe gran apoyo y su pueblo se empieza a reconocer a nivel internacional por su resistencia, a ella se suman artistas e intelectuales. La poesía de Ernesto Cardenal y en especial la música, vendrían a ser elementos primordiales. Mejía Godoy contribuyó de gran manera en la conformación de una visión cultural en función del marginado, mediante historias de personajes cotidianos, los cuales están inmersos en una sociedad llena de necesidades y carencias, no obstante su situación no los sume en la tristeza, sino que son sujetos que sobreviven diariamente, apoyan a sus familias  y por supuesto  luchan en contra del régimen.
"El son nuestro de cada día" de Carlos Mejía Godoy, eso era como agua fresca, porque nos demostraba que no estábamos solos, cuando oíamos a Carlos Mejía Godoy cantando. Ese fue un alimento permanente. /…/ todos los días a las seis de la tarde en el campamento; nos concentrábamos en diferentes radios que había y nos juntábamos ahí a oír "El son nuestro de cada día" y la música y la mazurquita y las palabras de Carlos, eso fue para nosotros un aliciente permanente que nos ayudaba a llevar esa vida.(p. 57)
La música popular permite la aparición de nuevas voces y discursos que sirven para reforzar y  representar la identidad popular del pueblo, sus tradiciones, costumbres, luchas  y por supuesto su compromiso revolucionario para con la patria, dichas canciones reflejaban la figura del espíritu nicaragüense y los valores que les representan.
Al respecto se expone la letra de la canción “Quincho Barrilete” de Mejía Godoy.
Mientras su mama se penquea en la rebusca 
Quincho se faja como todo un tayacán 
mañana y tarde vende bolis en los buses 
para que puedan sus hermanos estudiar. 

Que viva Quincho, Quincho Barrilete, 
héroe infantil de mi ciudad, 
que vivan todos los chavalos de mi tierra, 
ejemplo vivo de pobreza y dignidad. 

Que viva Quincho, Quincho Barrilete 
su nombre, no se olvidará, 
porque en las calles, plazas, parques y barriadas 
el pueblo lo repetirá. 

Joaquín Carmelo viene a ser solo un membrete 
que le pusieron en la pila bautismal, 
pero su nombre de combate es Barrilete 
le cae al pelo, con su personalidad. 

Allá en el Open, vive desde el terremoto, 
a hacer lechuzas este Quincho es un campeón, 
por un chelín, te hace un cometa prodigioso 
para ponerle un telegrama al colochón. 

El tiempo sigue, incontenible, su camino 
y el chavalito que vivió en el Open tres 
no volverá a ponerse más pantalón chingo 
ni la gorrita con la visera al revés. 

Un día va a enrrollar la cuerda del cometa 
y muy feliz mirando al sol se marchará 
enfrentará las realidades de su pueblo 
y con los pobres de su patria luchará.

Quincho es un  niño que desde pequeño lucha contra la adversidad de su condición, él es independiente y trabaja para ayudar a los demás y cuando crezca seguirá ayudando a los otros, pero esta vez a través de la disidencia y la lucha rebelde. Quincho es entonces un prototipo del ciudadano ideal, quien ha estado siempre en contacto con su pueblo y que comparte los ideales revolucionarios de ayuda, sacrificio y lucha. Omar Cabezas en su testimonio denominó estos valores como propios de un hombre nuevo, es decir, de alguien que va más allá y pelea por él y por los demás. Estos discursos incitaban motivación para los nuevos reclutas del frente sandinista y reforzaba sus convicciones revolucionarias.
El hombre nuevo está ahí, en el plusesfuerzo. Está ahí donde el hombre normal empieza a dar más que el hombre normal. Donde el  hombre empieza a dar más que el común de los hombres. Cuando el hombre empieza a olvidarse de su cansancio, a olvidarse de él /…/
Aquí se empieza a formar el hombre nuevo, porque el Frente tiene que ser una organización de hombres nuevos que cuando triunfen puedan generar una sociedad de hombres nuevos... (Cabezas,1982p. 50)

Las perspectivas y teorías socialistas serían  posteriormente compartirían con los campesinos e indígenas  para promover los ideales en común.   Sebastiaan Faber (2009) Dado que, para Marx, la ideología  está arraigada en una realidad social, su superación implica la transformación práctica  de esa misma realidad (p. 149).
            Las transformaciones sociales y políticas de las que Marx hablaba solo serían posibles a través de la praxis y la acción, esto se lograría mediante la lucha armada y el apoyo de un pueblo educado y comprometido con la causa socialista.

En los ranchos, de noche, entre café negro y café negro, entre  plática y plática, abordábamos los problemas económicos que tenían y a través de  las conversaciones se iba fortaleciendo mi amistad con ellos; al consolidar una  relación, mi interés era traducir esa relación y darle contenido político y  viceversa, hacer que la relación política contribuyera a cimentar una relación  personal.(Cabezas: 1983, p. 110)

De un modo lento y efectivo se logra cultivar toda  ideología, que termina venciendo  a la ideología neoliberal, los procesos estatales de represión se suman a las deficientes políticas sociales, ello fue creando el  descontento del pueblo, además del odio y  los deseos de venganza la contra revolucionaria, quienes llevaron una alternativa de cambio  al marginado y crearon más conexiones con el pueblo, hasta llegar a conformar una identidad propia, nacida desde abajo, que fue  creciendo y transformando el pensamiento popular. Al respecto se cita: “Una lucha que moviliza todas las capas del pueblo, que expresa las intenciones y las impaciencias del pueblo /…/ es necesariamente victoriosa” (Segundo congreso de escritores y artistas negros: 1959, 225). De ese modo, triunfo de toda lucha revolucionaria traerá consigo un nuevo orden en cuanto a las condiciones de desarrollo social y político, y propiciará un ascenso a la producción cultural, que se nutrirá con los valores populares y los ideales sociales nacidos durante  el proceso de lucha y liberación.
Este nuevo pensamiento que  fue creciendo  en las periferias se amplió hasta llegar a los centros urbanos, es decir que la lucha ya no era solo en las montañas o en el campo, sino que había llegado a los centros de poder. Posterior a la revolución los ideales populares (propios de los grupos subalternos) logran su reivindicación y se convierten en parte fundamental de la identidad nacional, junto con su ideología, esto a partir de los procesos de identificación y toma de conciencia.

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