Siguiendo
un recorrido general en torno a la historia literaria costarricense se pueden
apreciar dos momentos importantes en cuanto al debate literario. El primero
surge a partir de polémicas generadas
por posturas sobre el rumbo de la escritura y la necesidad de un cierto
nacionalismo en las letras; esto a partir de la publicación de Ricardo
Fernández Guardia titulado Hojarasca, la cual según Carlos Gagini no refleja elementos identitarios
del ser costarricense. La segunda polémica se ha generado en torno al libro de
Cocorí y muestra posiciones diversas en donde se discuten los problemas de identidad y representación sobre la figura del negro en Costa Rica.
El
debate sobre la novela Cocorí surgió a
principios de la década de los ochenta
y se mantiene hasta la
actualidad, este se inició a partir del
cuestionamiento de Quince Duncan (2015) en torno a la representación del negro en
dicha novela, en donde aseguró que existían referencias racistas.
Primero,
que los negros de la novela dan gracias a Dios cuando vienen los blancos. De
pronto me veo en un pueblo que expresa inusitada algarabía. “Sucedía algo
inusitado” nos cuenta el narrador, a resultas de lo cual “gesticulaban
exaltadamente frente al mar”. Incluso, “algunos lanzaban sus sombreros al aire
y la algazara crecía por momentos” .(www. elpaís.cr)
La discusión que se ha generado al respecto
involucra diversos puntos de vista: por un lado intelectuales como Marta
Rodríguez lo defienden apelando al valor
literario del libro, por otro lado
aparecen voces de desaprobación, como en el caso de Epsy Campbell (2015), quien considera
que la obra es muy racista.
El
libro reproduce estereotipos raciales, igual como los reproducía “Paco y Lola”
en el pasado, donde coloca lo blanco como bonito y con conocimiento y lo negro
como primitivo y feo y raro. (Citado por Soto, www.crhoy.com)
Como
consecuencia se ha creado una disparidad que mantiene disconforme a diversos
sectores de nuestra sociedad. Según el escritor Rodolfo Arias (2015)
Hay debate encendido. Epsy Campbell,
Montserrat Solano, Elizabeth Fonseca. Que sí, que no, que siempre, que jamás. Que
Cocorí es un tesoro de la literatura nacional. Que Cocorí es una abominación
racista. Que Joaquín Gutiérrez denigró a los negros. Que "Don Juaco"
(le decíamos los amigos) quería a Cocorí como a su propio hijo. Han ido y
venido los argumentos a lo largo de los años.(S.p)
Para comprender mejor los alcances de esta
discusión hay que remontarnos hasta la década de los cuarenta, específicamente
en el año 1947 cuando Joaquín Gutiérrez
escribe Cocorí. En este libro relata la historia de un niño negro que desea
resolver un enigma existencial, el cual surge después de que muere la rosa que
le regaló una niña: “¿Por qué las cosas bellas tienen que terminar? ¿Por qué lo
feo y lo malo parecen eternos?” Para resolver dicho enigma efectuará un
peligroso viaje a través de la selva, allí conocerá a muchos animales sin que
ninguno le pueda ayudar. Al final será su amigo, el Negro Cantor quien
resolverá sus dudas. Finalmente Cocorí vuelve a casa desanimado, pero su
alegría retorna cuando se da cuenta que gracias a su madre la rosa ha retoñado.
La publicación de esta obra marcó un referente
importante en la literatura infantil costarricense, máxime con sus posteriores
traducciones a diversos idiomas como el ruso, el holandés y el alemán,
constituyendo dicha novela uno de los
textos de mayor proyección internacional, razón por la cual posee una gran
legitimidad en el país.
En 1983 surgen los primeros cuestionamientos hacia la
novela. En un primer momento Quince Duncan (2015)
establece que existen elementos racistas en Cocorí. En su argumento se vale de las referencias
iniciales del texto, en donde se empieza a describir al niño de manera exótica.
A la hora de describir a Cocorí el
narrador hace caricatura sobre su aspecto externo: tiznado, hollín que no se le
quita, encías de papaya, se ruboriza como berenjena, color caimito. Un lenguaje
sencillo y directo dirigido a una descripción objetiva, es decir, exterior. Lo
que el narrador nos presenta son las características somáticas del personaje.
(pp. 9,14). La niñita blanca, inspira otro enfoque. No es pálida, blancuzca o
fantasmagórica. Por lo contrario: se resalta, en contraste, las características
físicas asociadas a la poesía, “puñado de bucles” y “rubia”. (www.elpais.cr)
Estas
primeras referencias descriptivas sobre el aspecto físico de Cocorí serán
aspectos referenciales en la crítica posterior, además de las acepciones colonialistas, las cuales poseen una
considerable semántica de dominación que desprestigia al negro y su contexto. Duncan apela a un problema de representación en
la obra, en donde lo blanco se privilegia por sobre el resto no solo en el aspecto
físico, sino también en el ámbito intelectual.
Bueno, otra cosa que me pareció curioso
y divertido es que para el pueblo de Cocorí la rosa de Europa, trae
inteligencia, felicidad y salvación para todos los cocorís del mundo. El niñito
de la selva que ha tenido siempre “pensamientos más negros que su piel (p. 32),
y que ha vivido entre animales perezosos y violentos que se pasan la vida
rumiando pensamientos negros y malvados (p.74)
Para
Duncan la novela posee un discurso dominante relacionado con la visión
vallecentraleña de los cuarenta, que se relaciona con los referentes europeos de la superioridad de la raza blanca, los
cuales marginan otros imaginarios culturales propio de las periferias del país,
entre ellos negros e indígenas, quienes
por muchos años permanecieron ajenos a los proyectos culturales y sociales del
país.
Este
afán de establecer al otro como extraño
se evidencia también en Carmen Lira,
quien coloca al negro como un
sujeto exótico, cuyas características físicas e identitarias contrastan con el
estándar racial de lo blanco.
Había una vez un hombre rico
que se ocupaba en el comercio. Quedó viudo con una hija y esta hija era una
niña muy linda: parecía una machita por lo rubia y lo blanca que la había hecho
Nuestro Señor. Además, tenía unos ojos que eran como ver dos rodajitas que se
le hubieran sacado al cielo. Y sobre todo, sangriíta ligera y buena que daba
gusto.
El hombre era ambicioso y no
contento con lo que tenía, se casó de nuevo con una vieja birringa, una mujer
viuda también, a quien él creía muy rica. Después de casado se convenció de que
lo de los bienes de la mujer eran más hojas que almuerzo, de que tenía un genio
que sólo su madre la podía aguantar y para aliviar los males, se tenía una hija
fea como toditica la trampa, negra, ñata, trompuda, con el pelo pasuso y de
ribete mala y malcriada como ella sola y la muy tonta se creía una imagen.
(Lyra. 2006, p. 153)
Estas referencias sobre el negro reflejan un
contexto donde lo caribeño y su gente es claramente diferenciado con respecto a
la identidad colectiva oficial, pues el afrodescendiente es relacionado con términos despectivos,
referenciándolo como un ente aparte, sin estética ni cultura.
Posterior a las críticas de Duncan sobre el contenido
racista en el texto Cocorí, aparece Joaquín Gutiérrez para rebatir ese
posicionamiento y defender su obra. Ese mismo año publica un artículo en el
Semanario Universidad titulado ¿Hay racismo en Costa Rica? En su
discurso el autor enfatiza en los
problemas de interpretación por parte de otros críticos, como Duncan y la filóloga
Lorein Powell, a quienes además los acusa de confabular en su contra y los
tacha de necios: “En cuanto a Cocorí, sí voy a salir en su defensa, porque sé
que antes que la señorita Powell, Quince Duncan ha estado en la UNA con
el mismo dele que dele desde hace años”. (Semanario Universidad)
A pesar de los
argumentos de Gutiérrez en defensa
de su obra, se debe acotar que sí hubo un pequeño cambio en el contenido
del texto. Esta corrección fue la referencia de “monito” por “raro”, que se da
cuando la niña ve por primera vez a Cocorí; aunque en este caso la intención fuera buena, la verdad es que el
término “raro” seguía teniendo un carácter
negativo.
Dos años después, la filóloga Lorein Powell publica su tesis
titulada Lectura (en crisis) de tres
obras racistas, en la que incluye a
Cocorí, reavivando de nuevo el conflicto representativo en la obra. Con
respecto al contenido de esta
investigación, Jorge Ramírez (2014) en su artículo sobre la
discriminación en las letras costarricenses, menciona:
Fue Lorein Powell Bernard (1985) la
primera en poner de manifiesto el racismo en Cocorí (1977). Powell señaló en ese momento que la
estructura significativa que engloba la novela es el colonialismo, presente en
las categorías civilización y primitivismo, representados por la niña rubia y
su mundo y el niño negro (p. 341)
Posteriormente
en 1995, el Consejo Superior de
Educación incluiría en el temario de
Español para II Ciclo de Enseñanza General Básica el análisis de los textos Cocorí, así como El Principito, de Antoine
de Saint Exupéry. Ambas historias están
protagonizadas por niños, en ellas se privilegia el espíritu aventura y las
relaciones sociales, así mismo es en dichas lecturas la referencia a la rosa
constituye un referente importante que trae cambios en la vida de los personajes.
En este mismo año dos estudiantes (una hija de Powell y la otra de Epsy
Campbell), “interponen un recurso de
amparo ante la Sala Constitucional contra el Ministerio de Educación, por haber
sido obligados a leer Cocorí como
requisito para la prueba de conclusión de estudios de segundo ciclo, obra que
consideran “posee contenido racista y
discriminatorio.” (Bermúdez, 2003, s.p). Parte de los argumentos que plantea Lorein
Powell en su tesis son los que sirven de fundamento para la elaboración de dicho
reclamo. La Sala emitiría una resolución a este caso un año después.
En contra de su
voluntad se les ha obligado a estudiar un texto que los denigra, no sólo a
ellos sino a su etnia, y que al mismo tiempo ha provocado comportamientos
grotescos de sus compañeros de escuela, que antes de la lectura del libro no se
presentaban, pues en ese texto el autor deja de manifiesto una desigualdad
entre personajes de diferentes etnias: “Cocorí como el protagonista de “raza
negra” y de actitudes negativas a la vida y quien sucumbe ante el otro
personaje importante, que es una niña rubia de gran belleza y bondad, niña que
va transformando al protagonista en uno totalmente distinto. (Sala Constitucional, Expediente
6613-95)
En dicho recurso de amparo los afectados
solicitan una exclusión inmediata del texto, apelando a leyes internacionales
sobre los derechos de la niñez, los cuales protegen la integridad de esta
población.
Alegan que
las disposiciones tendientes a la inclusión programática del libro “Cocorí” por
parte del Consejo Superior de Educación, constituyen una flagrante violación al
numeral 33 constitucional, a la Ley N°7184 sobre la Convención de los Derechos
del Niño, en su artículo 12, y a la Convención sobre Eliminación de todas las
Formas de Discriminación, por lo que solicitan se declare con lugar el recurso
y se excluya del temario general y del “Contenido y Objetivos Temáticos para la
prueba de Conclusión de Estudios de Segundo Ciclo”, y de cualquier programa del
Ministerio de Educación la obra literaria “Cocorí”, por su contenido racista y
discriminatorio (Sala
Constitucional, Expediente 6613-95)
Entre sus apelaciones en contra del texto estos
estudiantes mencionan sentirse víctimas de matonismo y burlas por parte de sus
compañeros, pues según su criterio el texto acrecienta estereotipos raciales, por ejemplo las
constantes referencias a la palabra “negro” o “negrito”, asociados a referencias subordinantes con
respecto a lo blanco, creando un imaginario de exclusión social.
La Sala
Constitucional rechazaría la existencia
de elementos racistas en el texto y dentro de sus consideraciones asevera que
el libro “busca unir pueblos y culturas históricamente desunidos.”
La diferencia que se da entre esos dos personajes es
completamente normal, tan normal como resultaría ser de diferente sexo, de
diferente estatura, de diferente tono de voz, o simplemente, tener diferente
textura de cabello. En ningún momento de la novela se le hace ver a Cocorí como
un niño que tiene actitudes negativas hacia la vida. Todo lo contrario. Cocorí
es un personaje que resalta la bondad, la simpatía, el encanto, el heroísmo y
la inocencia de un niño, y esas cualidades no es que las adquirió por haber
conocido a una niña rubia, como se pretende hacer ver, sino que forman parte de
ese personaje independientemente de ese hecho. (Sala
Constitucional, Expediente 6613-95)
De este modo el texto Cocorí trasciende el
sistema propiamente literario para insertarse en otras esferas sociales, las
cuales intervienen con el objetivo de
debatir sobre el contenido de la misma y generar un criterio al respecto,
creando así un fenómeno polifónico a
nivel social, en cuyo proceso se entremezclan visiones y puntos de vista variados que responden a diferentes conciencias y realidades socioculturales. Acercándonos
así a la teoría de Maldonado (2006), según la cual “la literatura es un fenómeno funcional y
dinámico que configura un sistema social de comunicación cuyo verdadero núcleo
no son los textos, sino las acciones y
los fenómenos literarios”. (p. 25)
El
recurso de amparo presentado en torno a Cocorí deja el ámbito académico y se inserta en una
esfera jurídica, el cual debe pronunciarse en favor o en contra del texto
basado en un análisis parcial del mismo.
Este ámbito jurídico pasa a ser un mediador entre el lector y el texto; al ser
el mismo un ente de prestigio su
valoración final estandarizará un tipo de lectura, es decir, dará un criterio cuya interpretación obtendrá una cierta legitimidad, ya que dicta
un modo de entender la obra.
El establecimiento de
máximas literarias en torno a la
interpretación de una obra es un tema
que se sale del ámbito propiamente legal, puesto que no existen reglas de análisis que propicien un consenso,
esto por cuanto cada lector asigna sus propios criterios al texto basado en
aspectos empíricos y culturales. Aun así
la Sala Constitucional emitió su juicio, esto porque necesitaba una
justificación que validara el texto como lectura obligatoria .
En las consideraciones se privilegiaron sobre
todo razones históricas que en este caso tiene que ver con el pasado esclavista
y que son reflejo del colonialismo
europeo sobre los pueblos latinoamericanos, las cuales muestran de un contexto histórico que es retomado
para dar un carácter de verosimilitud a la
novela Cocorí.
Esta Sala no considera que exista algún elemento
discriminatoria en el libro “Cocorí”. Más aún, se trata de un libro que –
dentro del contexto histórico de la Costa Rica de aquellos días- trata de
resaltar las virtudes de una raza que en esos tiempos estaba aún condenada por
los resabios de la esclavitud, época llena de crueldades y que produjo muchos
sufrimientos y vejaciones no sólo a la raza negra, sino también a la raza
indígena y mestiza, entre otras. ” (Sala Constitucional, Expediente 6613-95)
El planteamiento que se
hace sobre el contexto histórico de la Costa Rica de antaño es una
justificación de peso para validar el texto,
pues muestra la realidad en cuanto al aislamiento que sufrieron los
negros en la década de los cuarenta. Pero tampoco deja de ser cierto que la Sala
Constitucional responde a un aparato estatal cuya visión e intereses no se
identifican cultural e históricamente con las etnias afrodescendientes, es
decir, no hay una conciencia que responda a ese imaginario y por el contrario se
presenta un inconsciente
blanco-civilizador que reproduce un esquema
de pensamiento oficial o
vallecentralista.
Este mismo argumento del proceso histórico -
modernista de civilización será privilegiado por otros intelectuales como Olga
Marta Rodríguez, quien retoma esta
postura y la sustenta con otros argumentos propios de la teoría literaria.
En el año 2000 y en defensa de Cocorí, esta profesora de la Universidad de Costa Rica
publica un artículo titulado ¿Hay
elementos racistas en Cocorí?, análisis literario de la
novela de Joaquín Gutiérrez, en la cual descarta la presencia de elementos discriminatorios. De
este modo se acrecientan las diferentes posturas sobre este texto, así como la polémica en torno a la representación del
negro en la novela.
En dicho artículo la autora apela a valores del texto como la fuerza del amor y
el trabajo en equipo, pero su tesis radica en los postulados de Julia Kristeva
expuestos en El texto de la novela.
En la misma se concibe el texto literario como un reflejo histórico de las
sociedades, para esto se establece el concepto de ambivalencia, la cual es
propia de todas las sociedades y se basa
en las relaciones de poder que ejercen unos grupos sobre otros y que tienen
impacto en la identidad y en la conformación histórica de las civilizaciones. La
literatura igualmente no se escapa de
este proceso, pues es un producto social que responde a las ideas y carácter de
una sociedad.
Rodríguez (2004) menciona:
Nuestra tesis es que la novela
presenta esta ambivalencia de que nos habla Kristeva, precisamente porque es
una novela. La comparación no es entre los rubios y los negros, es entre todos
nosotros como identidad y el otro, poderoso, como su barco enorme, alrededor
del cual todo brilla, todo es luz y magnificencia.(p. 57-58)
La autora ofrece otros ejemplos históricos que
reflejan esta idea como el choque de culturas propio de las sociedades
indígenas y europeas o el poderío de los Estados Unidos en la región, la cual
es vista con “cierta fascinación por su poderío material” (p. 57), similar a la
atracción que sintió Cocorí por el barco.
La interpretación de
esta autora tiende a crear una imagen conciliadora y niega toda imputación
racista, apelando a la temática propia
que envuelve a toda novela, la cual guarda
relación con una cierta conformación histórica que refleja la realidad de un pasado de
dominación colonial, en donde a los
negros no se les permitía participar en igualdad de condiciones en el sistema
social, cultural y económico, por lo cual su situación de subordinación marcaba
un claro contraste con la cultura blanca dominante.
En el análisis interpretativo se privilegian y justifican de todas las imágenes consideradas como
polémicas: Mamá Bruselas no “se enoja “brama” y “zapatea” como lo hacen los
ciervos y otros animales salvajes” según la interpretación de Duncan, sino que
es “preocupada por su hijo y cariñosa” (p. 57); así mismo el negro no es vago,
sino interesante y al ser cantor es representante del arte caribeño.
Se puede cuestionar el posicionamiento de
Rodríguez en el sentido de que este se
basa en acercar los posicionamientos históricos del modernismo al texto, aun
cuando los discursos tradicionalistas han sido desplazados por las nuevas
visiones, retomadas estas por los estudios
poscoloniales y que procuran la reivindicación de los sujetos
subalternos mediante la agencia representativa de los sujetos subalternos. En
este caso se podría decir que la temática colonialista de Cocorí responde a una
visión ya superada por nuestra sociedad latinoamericana, ante esto ( y en el
caso de la población afrodescendiente), es justo cuestionar las viejas referencias y
propiciar textos que creen nuevas representaciones en cuanto a las minorías étnicas,
con el fin de eliminar los binarismos colonizador-colonizado.
Con respecto al sistema
educativo, el texto se mantuvo como lectura obligatoria, precisamente la Sala
en su resolución acertó en su mención sobre la importancia de una adecuada mediación
pedagógica del docente con respecto al contenido de la obra.
Si ha existido algún tipo de reacción contra niños de raza
negra por la lectura de ese libro, esto podría evitarse con una acertada
intervención del cuerpo docente de cada Centro Educativo, pues ellos tienen la
obligación de que el material literario objeto de examen, sea analizado en
forma objetiva, y no sea tergiversado por los alumnos. (Sala
Constitucional, Expediente 6613-95)
Este punto es importante si se considera que en
el ámbito educativo el estudiante efectúa una lectura del texto guiado por su
profesor. En este caso el docente es responsable del proceso de aprendizaje y
por ello tiene el deber de generar un conocimiento efectivo e integral, en
donde lo literario e histórico se combinen
de tal manera que genere un
debate crítico el cual promueva la
tolerancia y la igualdad, además de
privilegiar aspectos morales del texto como la amistad, la ayuda, la valentía,
entre otros que se desprendan del texto.
En el 2003 en vez de crear capacitaciones en torno a
la implementación de métodos didácticos para
una temática inclusiva del texto, más bien se efectúa un señalamiento de la obra por parte
de un jerarca del MEP. El
viceministro Académico de Educación, Wilfrido Blanco, es quien “envía una nota
a los Directores Regionales de Enseñanza en la que recalca que "por
constantes consultas y demostraciones de inconformidad (...) aducen que la
citada obra contiene aspectos discriminatorios", y señala que para el
curso lectivo 2003 la obra Cocorí no es de carácter obligatorio.”(La
Nación). Este señalamiento aduce la presencia de contenidos racistas en el
texto, el mismo es señalado de forma negativa por autoridades del MEP sin haber
un estudio previo que lo justifique.
A pesar del
señalamiento de la Sala Constitucional, el presidente Abel Pacheco y el viceministro Wilfrido asumen una posición
contraria y señalan el contenido del texto como racista. Este hecho generó un
segundo recurso de amparo, el cual se exponen en la Sentencia
Nº 05317 de Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. En la que Federico Malavassi Calvo (2003) expone su inconformidad por la
decisión del presidente Pacheco y el
viceministro Wilfrido, por expresarse abiertamente de forma condenatoria sobre
el contenido del texto eliminando en consecuencia la obligatoriedad de su
lectura en las aulas. En el contenido de este documento se menciona lo
siguiente:
El
Presidente de la República, Dr. Abel Pacheco de la Espriella, ha reconocido
ante el público que quitó ese material como parte de las lecturas obligatorias
del Ciclo Educativo Costarricense, en atención a las diversas formas de presión
que han ejercido sobre su persona varias personas, como la diputada Epsy
Campbell Barr, Quince Duncan, la Ministra de la Condición de la Mujer,
Esmeralda Britton, la escritora Eulalia Bernard y la Asociación Proyecto
Caribe, lo que se puede confirmar con la expresión del Viceministro del MEP
para el área académica, Wilfrido Blanco Mora, quien en nota DVM-0222-03 de 24
de enero de 2003 ha girado instrucciones a los directores y directoras
regionales de enseñanza para que supriman esa obra como lectura obligatoria. (Sentencia nº 05317)
La novela Cocorí no es suprimida totalmente de los planes de
estudio, la misma solamente deja de ser obligatoria, lo que da la libertad al
docente de utilizarla en su proceso de enseñanza, las interpretaciones racistas
que el Presidente y el Viceministro le asignan al texto crean un efecto despectivo
sobre la reputación de la obra, lo cual indispone tanto a docentes como a sus
lectores. Así lo reconoce Sebastián Vaquerano (2003), quien funge como
representante de la editorial Legado (empresa que tiene los derechos sobre el
texto). En una entrevista hecha por el
Semanario este menciona que “no existen dudas de que el procedimiento
empleado con la circular del 24 de enero tiene como fin utilizar “un
subterfugio retórico para inducir a los maestros a retirar Cocorí como recomendación de lectura en las escuelas”. (Semanario
Universidad).
Precisamente el señalamiento racista que le asignan estas
figuras de poder al texto son parte del
cuestionamiento elaborado por Malavassi, puesto que al establecer dichos
criterios contravienen a los señalamientos propuestos por la Sala
Constitucional en la sentencia N°0509-96.
De hecho, los señalamientos de racismo
en el texto fueron establecidos de manera oficial únicamente por el
Presidente y el Viceministro, porque
según el Semanario Universidad (2003), el
Ministerio de Educación Pública nunca realizó un análisis interpretativo
al respecto para avalar o descartar los señalamientos en torno a la novela. Esto
debido a que “al existir la disposición del Consejo Superior de Educación, de
eliminar la obligatoriedad de textos literarios para primaria, no fue necesario
un estudio para determinar si el texto contiene elementos raciales y
discriminatorios.”(2003).
Con respecto a los
señalamientos de Abel Pacheco y Wilfrido sobre el texto, la Sala falla en favor
de estos, amparados en el artículo 19,
inciso 2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de la ONU
sobre la libertad de expresión.
Toda
Persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la
libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole,
sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma
impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección. (Sentencia
nº 05317)
El panorama que se nos presenta es de una opinión
dividida entre los mismos representantes del gobierno: primero la Sala
Constitucional rechaza los elementos racistas en el texto y por otro el
presidente Abel Pacheco y el viceministro Wilfrido se pronuncian en favor de la postura del grupo Proyecto Caribe, abalando así sus conclusiones de que el texto Cocorí es racista y por ende, no debe
ser considerado dentro del canon de lecturas obligatorias por parte del MEP.
La
inclusión política en la interpretación de la obra y la estigmatización que han
hecho de la misma, surge a partir de presiones internas de representantes como
Grupo Caribe, pues en estas instancias el poder de ejecución es más rápido y
tiene mayor legitimidad, sobre todo si se toma en cuenta que tiene el aval del
Presidente.
La contradicción en cuanto a los posicionamientos
ideológicos con que cada grupo de poder ejecuta su interpretación muestra como
la temática de un texto propicia un conversatorio a nivel nacional y la misma
permite la aparición de cuestionamientos éticos que por muchos años habían
estado al margen del discurso oficial y que tienen que ver con el proyecto
identitario y de desarrollo que por
muchos años ha buscado reflejar el país. Este debate sobre la
representación del negro en la novela es
igualmente el cuestionamiento sobre la discriminación del sistema en torno a
las minorías o al olvido de esta población por parte del gobierno en cuanto a
la cuestión económica, social y cultural.
Proyecto Caribe
La
Asociación Proyecto Caribe es un grupo sin fines de lucro, el cual está
conformado por personajes influyentes como la diputada Epsy Campbell, la exministra
Esmeralda Britton, el escritor Quince Duncan, entre otros, cuyos objetivos son
defender los derechos de las personas afrodescendientes y fortalecer su
identidad. Sus fines como grupo
organizado son las siguientes:
·
Igualdad
y respeto en la diversidad.
·
Unión
y convergencia de los organismos Afrocostarricenses.
·
Fraternidad
con todos los sectores que compartan los principios y filosofía de la
Asociación.
·
Lucha
contra el racismo y la discriminación en cualquiera de sus manifestaciones.
·
Reivindicación
histórica de la herencia africana y sus contribuciones en el desarrollo del
mundo. (www.proyectocaribecr.org)
Precisamente
una de estas luchas en pro de la reivindicación de la identidad
afrodescendiente lo constituye hasta la
actualidad la crítica constante a
cualquier legitimación del texto Cocorí, en vista de que según su criterio, dicho texto no representa la identidad
afrodescendiente y más bien lesiona esa imagen. Estos cuestionamientos han sido una constante en este grupo y según
la opinión de Allen (2003) esto “obedece a un proceso en el que se han
invertido más de 20 años para demostrar que Cocorí crea una discriminación para
los afrocaribeños.”
El Grupo Caribe funge como una organización no gubernamental con
apoyo internacional, sobre todo por organismos como la ONU, quien a partir de
estudios realizados en el 2010 sobre el afrodescendiente en Costa Rica, propuso las siguientes recomendaciones: “documentar
y denunciar los casos de discriminación por género y etnia de la que sean
víctimas personas afrodescendientes, especialmente niños, niñas, adolescentes y
mujeres.” (p. 91). Las conclusiones de esta
investigación poseen un respaldo
internacional y constituyen referencias
válidas para deslegitimar un texto como Cocorí, el cual según Grupo Caribe
muestra una representación denigrante de
los niños de raza negra, quienes además son víctimas de acoso debido a los
estereotipos que el texto promueve.
Parte
de lo que este grupo ha criticado del texto es sobre todo sus referencias
iniciales sobre Cocorí, a quien se le asignan apelativos como raro y
negro. Según Quince Duncan (2015) esta
última referencia posee una carga semántica ofensiva.
Así en toda la novela el niño
negro, Cocorí, es tratado como “negrito” unas cuarenta veces y no pude
encontrar ni una sola vez en que fuese tratado como niño, salvo aquella en que
él mismo se declara incapaz, por niño, de comprender lo que estaba pasando
(p.33). La niña blanca en cambio siempre es tratada como “niña” sin ningún
calificativo. (www.elpais.cr)
Este concepto de negro es
considerado en la actualidad como un término inoperante para referirse a la
población de ascendencia africana y en vez de ello se acunan referencias como
afrodescendientes o en el caso de nuestro país afrocostarricenses.
Políticamente el concepto de
afrodescendiente fue acuñado con fuerza en el año 2000, cuando las
organizaciones sociales se movilizaron en torno a la preparación de la Cumbre
Mundial contra el
racismo. La afirmación que en aquel
entonces de entramos como negros y salimos como afrodescendientes. Es una
afirmación de fondo que simboliza una ruptura epistemológica de gran
significación estratégica. Se alude a una evolución conceptual de la identidad cultural
y política de los descendientes de la diáspora africana. Se abandona el
tradicional concepto de “negro”, el cual implica el contexto amplio de
significación racial, para abordar un concepto de “afrodescendiente” dentro de
un modelo más complejo, de identidad, que traspasa la “raza” para reconocerse a
sí mismo como una comunidad étnica (Sandoval y Solano, 2010, p. 26-27)
El
hecho de criticar el texto Cocorí por el uso constante del término negro,
responde a una necesidad de reivindicación, en donde ya no se asocie el color de la piel con una
etnia y más bien se establezcan referentes regionales según la descendencia de las diferentes
culturas que tienen procedencia africana: afrocaribeños, afroamericanos, afrocostarricenses.
Por este motivo los grupos organizados en torno a este proyecto identitario
manifiestan que seguirán “luchando
para que dejen de poner en los libros y donde quiera que se refieran a nosotros
negros porque negro es un color, y sí somos afrodescendientes y todos estamos
de acuerdo que somos afrodescendientes” (p. 27)
Dentro de esta iniciativa los grupos afrocostarricenses
se pretende propiciar una representación
que nazca a partir de su visión identitaria y cultural, es decir, que surja a
partir de su propia agencia y de ese modo reflejar una imagen más acorde con
los ideales del contexto limonense. Una de
sus propuestas al gobierno fue incluir escritores de ascendencia negra, que
tengan una legitimación real por parte del Grupo Caribe y la sociedad limonense
a la que representan.
Las
autoridades competentes del MEP han accedido a
solicitudes parciales por parte del estos grupos, pues la lectura de la
novela Cocorí sigue estando en la lista de textos opcionales para el primer ciclo de enseñanza y además
(al menos en secundaria) no se han incluido obras de escritores
afrodescendientes como en el caso de Quince Duncan, quien posee una extensa
producción literaria.
Conclusiones
·
Se han generado diversas
interpretaciones en torno a la representación del negro en la novela Cocorí, el
debate que se ha generado al respecto ha trascendido el ámbito literario,
llegando incluso a otras esferas de carácter público, los cuales han emitido criterios
en favor y en contra del texto, por lo
cual no existe un consenso al respecto,
esto hace que cualquier manifestación del texto en la esfera social genere nuevos
debates en torno al racismo.
·
La inclusión de una literatura
representacional de la identidad afordescendiente sigue estando pendiente en el
canon de lecturas del MEP, cuyo plan de estudio incluye obras tendientes a
reforzar la identidad y valores de la cultura oficial, además a nivel de
educación diversificada se privilegian
textos que responden a corrientes literarias a nivel nacional, en las
cuales los autores negros permanecen ausentes.
·
Si bien la lectura posee
referencias colonialistas que privilegian lo blanco y colocan lo negro como exótico, esto no constituye
una justificación para evadir su
lectura, sino por el contrario, lo
cierto es que es deber de cada docente resaltar los valores positivos que se
desprenden del texto y formular técnicas que fomenten una participación
inclusiva de los estudiantes con la cultura afrodescendiente.
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