miércoles, 8 de mayo de 2024

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viernes, 1 de mayo de 2020

La luna gitana: paralelismo entre separación e inocencia, en los poemas Romance de la luna, luna, Romance Sonámbulo e Hijo de la luna.




La cultura gitana se caracteriza universalmente por sus rasgos míticos, pues su modo de vida sigue girando entorno a sus creencias y supersticiones.  Según Clebert “los gitanos continúan atados a todo un ciclo de creencias religiosas (algunas veces bastante nebulosas u oscuras), que forman parte de los cimientos de la organización de este pueblo, y, por lo tanto, de su cohesión” (1965:124). Este carácter de su folclore ha sido motivo de discriminación por parte de diferentes dogmas en Occidente, no obstante muchos autores  han retomado la figura del gitano para exponer su complejidad cultural y social.
En España específicamente, los gitanos encontraron una sociedad tolerante,  a la cual se acoplaron de buena forma. Esto gracias a la tolerancia y la diversidad cultural de ese país, así como a la decadencia inquisitoria de la iglesia. Al respecto Clebert menciona:  “los gitanos se han integrado perfectamente en la población española, en particular en Andalucía /.../,ellos  forman parte del folklore local, por no decir del paisaje”(1965:177).
Muchos  autores en España han incorporado la cuestión gitana en sus obras,  entre ellos García Lorca, quien  retoma parte de las creencias propias de esta minoría para exaltarlas con gran ingenio, principalmente con su poemario “Romancero gitano”. Más actualmente este tema lorquiano  ha inspirado poemas musicales como “Hijo de la luna” del grupo Mecano.
            El anterior bosquejo permite situarnos en el tema central de este trabajo: el símbolo gitano de la luna y su relación con los temas de la muerte, la inocencia y la separación, en los poemas de Lorca  “Romance de la luna, luna”, “Romance Sonámbulo” e  “Hijo de la luna” de Mecano.

El culto lunar entre los gitanos goza de gran importancia, por el hecho de que el astro se relaciona con diversos elementos de la vida cotidiana: calendario lunar,  con las etapas de la vida y los ciclos menstruales, también se le relaciona con la prosperidad.  Ejemplo de esto son los gitanos kalderas quienes al principio de cada año se dirigen plegarias a la luna tales como la siguiente La luna nueva ha salido — Que nos sea propicia — Nos ha encontrado sin dinero — Que nos deje con la suerte — Y con salud — Y con dinero...”(1965: 128)
Del mismo modo hay que subrayar las creencias hacia este astro entorno a la fertilidad y el embarazo, la cual no es una bendición  solamente dirigida hacia las mujeres, sino también sobre las plantas. (128).


Separación

Cuadro de texto: • En Hijo de la luna la gitana es bendecida con un hijo, no obstantes obligada a sacrificar a su hijo

• En hijo de la luna, luna  los gitanos buscan a su hijo, pero el niño muere en la fragua en compañía de la luna

• En Romance sonámbulo el padre y el amante  gitano  retan al destino y se resisten a morir sin antes ver a la niña, no obstante cuando llegan a su encuentro ella ya ha muerto, solo la luna es testigo de la separación. 


En los poemas se muestran las  bendiciones que prodiga la luna sobre los gitanos, no obstante así como puede ofrecer dicha y alegría también puede presentar desdicha y tristeza. Ella juega un papel totalizador que tiene que ver con la vida y la muerte, la bendición y la desdicha. Veámoslo en los poemas a través del opuesto: unión-separación.
 









La luna es así un símbolo maniqueo, que tal como la diosa Hera posee pasiones y sentimientos. Ella prodiga fertilidad, pero carece  de ella, por ello siempre se le ve solitaria.  En este caso el carácter de maternidad influye sobre el astro, pues quiere compañía y quiere ser madre. Con respecto a lo anterior valga mencionar que según Clebert:

  La esterilidad  es la peor desgracia que pueda afectar a una mujer. Una mujer sin hijos es despreciada y compadecida, y su situación hacia su marido se hace insostenible, porque, en la mentalidad de los gitanos, antes de su matrimonio, ha tenido comercio carnal con un vampiro, lo que es causa de su esterilidad. (128)

Basado en lo anterior se puede establecer que desde un punto de vista místico, la carencia del hijo influye fuertemente en la luna, y el sufrimiento, así como las separaciones causadas a los gitanos,  se justifican por su principal necesidad: ser madre.

Inocencia

            Un paralelismo que se presenta en los tres poemas es la característica que cumplen los niños: ellos son puros e inmaculados. Solo ellos pueden ser partícipes de las bendiciones celestiales, pues tienen un carácter casi angelical por su inocencia y sacrificio.
 En los poemas de Lorca, sobre todo en Romance de la luna luna se observa como el niño es el centro de  la magnificencia de la luna,  a su alrededor la pureza de la luz se entremezcla con los elementos en derredor y los reviste de un manto sagrado.


Cuadro de texto: En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño

Cuadro de texto: Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos. 
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado. 

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.




            El agua va a representar aquí otro símbolo lorquiano de pureza, para darnos una imagen total de armonía y perfección. 
            Lorca busca la misma intensión en el poema Romance sonámbulo, al colocar a la niña en un ambiente místico de agua y luz, en la cual se rebelan los matices  del acompañamiento  y  por supuesto de la maternidad de la luna, esto consta en los siguientes versos:



Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.


           En conclusión,  queda claro que el simbolismo de la luna en los poemas va más allá de representar simplemente muerte, pues el astro  se  reviste de un carácter místico y sagrado-maternal cuyas intenciones se acercan al amor perfecto, es decir al amor de madre, a ello se añade  la  inocencia de la niñez.    
La felicidad y el sufrimiento tal como la claridad y la oscuridad  que reviste la luna, son una constante en la vida, pues nada es permanente. Así el nacimiento, la separación y el sufrimiento son parte de esa mística  gitana representados en la luna.
























Bibliografía



Clebert J.P. (1965). Los gitanos. Barcelona. España. Editorial: Aymá, S.A.



El debate en torno a Cocorí



Siguiendo un recorrido general en torno a la historia literaria costarricense se pueden apreciar dos momentos importantes en cuanto al debate literario. El primero surge  a partir de polémicas generadas por posturas sobre el rumbo de la escritura y la necesidad de un cierto nacionalismo en las letras; esto a partir de la publicación de Ricardo Fernández Guardia  titulado Hojarasca, la cual según  Carlos Gagini no refleja elementos identitarios del ser costarricense. La segunda polémica se ha generado en torno al libro de Cocorí y muestra posiciones diversas en donde se discuten  los problemas de identidad y representación  sobre la figura del negro en Costa Rica.
El debate sobre la novela  Cocorí surgió a principios  de la década de los  ochenta  y se mantiene  hasta la actualidad, este se  inició a partir del cuestionamiento de Quince Duncan  (2015)  en torno a la representación del negro en dicha novela, en donde aseguró que existían referencias racistas.
Primero, que los negros de la novela dan gracias a Dios cuando vienen los blancos. De pronto me veo en un pueblo que expresa inusitada algarabía. “Sucedía algo inusitado” nos cuenta el narrador, a resultas de lo cual “gesticulaban exaltadamente frente al mar”. Incluso, “algunos lanzaban sus sombreros al aire y la algazara crecía por momentos” .(www. elpaís.cr)
 La discusión que se ha generado al respecto involucra diversos puntos de vista: por un lado intelectuales como Marta Rodríguez  lo defienden apelando al valor literario del libro,  por otro lado aparecen voces de desaprobación, como en el caso de  Epsy Campbell (2015), quien considera que la obra es muy racista.
El libro reproduce estereotipos raciales, igual como los reproducía “Paco y Lola” en el pasado, donde coloca lo blanco como bonito y con conocimiento y lo negro como primitivo y feo y raro. (Citado por Soto, www.crhoy.com)
Como consecuencia se ha creado una disparidad que mantiene disconforme a diversos sectores de nuestra sociedad. Según el escritor Rodolfo Arias (2015)
Hay debate encendido. Epsy Campbell, Montserrat Solano, Elizabeth Fonseca. Que sí, que no, que siempre, que jamás. Que Cocorí es un tesoro de la literatura nacional. Que Cocorí es una abominación racista. Que Joaquín Gutiérrez denigró a los negros. Que "Don Juaco" (le decíamos los amigos) quería a Cocorí como a su propio hijo. Han ido y venido los argumentos a lo largo de los años.(S.p)

  Para comprender mejor los alcances de esta discusión hay que remontarnos hasta la década de los cuarenta, específicamente en el año 1947 cuando   Joaquín Gutiérrez escribe Cocorí. En este libro relata la historia de un niño negro que desea resolver un enigma existencial, el cual surge después de que muere la rosa que le regaló una niña: “¿Por qué las cosas bellas tienen que terminar? ¿Por qué lo feo y lo malo parecen eternos?” Para resolver dicho enigma efectuará un peligroso viaje a través de la selva, allí conocerá a muchos animales sin que ninguno le pueda ayudar. Al final será su amigo, el Negro Cantor quien resolverá sus dudas. Finalmente Cocorí vuelve a casa desanimado, pero su alegría retorna cuando se da cuenta que gracias a su madre la rosa ha retoñado.
  La  publicación de esta obra marcó un referente importante en la literatura infantil costarricense, máxime con sus posteriores traducciones a diversos idiomas como el ruso, el holandés y el alemán, constituyendo dicha novela  uno de los textos de mayor proyección internacional, razón por la cual posee una gran legitimidad en el país.
            En 1983 surgen los primeros cuestionamientos hacia la novela. En un primer momento Quince Duncan (2015) establece que existen elementos racistas en Cocorí.  En su argumento se vale de las referencias iniciales del texto, en donde se empieza a describir al niño de manera exótica.
A la hora de describir a Cocorí el narrador hace caricatura sobre su aspecto externo: tiznado, hollín que no se le quita, encías de papaya, se ruboriza como berenjena, color caimito. Un lenguaje sencillo y directo dirigido a una descripción objetiva, es decir, exterior. Lo que el narrador nos presenta son las características somáticas del personaje. (pp. 9,14). La niñita blanca, inspira otro enfoque. No es pálida, blancuzca o fantasmagórica. Por lo contrario: se resalta, en contraste, las características físicas asociadas a la poesía, “puñado de bucles” y “rubia”. (www.elpais.cr)

                Estas primeras referencias descriptivas sobre el aspecto físico de Cocorí serán aspectos referenciales en la crítica posterior, además de las acepciones  colonialistas, las cuales poseen una considerable semántica de dominación que desprestigia al negro y su contexto. Duncan apela a un problema de representación en la obra, en donde lo blanco se privilegia  por sobre el resto no solo en el aspecto físico, sino también en el ámbito intelectual.
Bueno, otra cosa que me pareció curioso y divertido es que para el pueblo de Cocorí la rosa de Europa, trae inteligencia, felicidad y salvación para todos los cocorís del mundo. El niñito de la selva que ha tenido siempre “pensamientos más negros que su piel (p. 32), y que ha vivido entre animales perezosos y violentos que se pasan la vida rumiando pensamientos negros y malvados (p.74)

Para Duncan la novela posee un discurso dominante relacionado con la visión vallecentraleña de los cuarenta, que se relaciona con los referentes europeos  de la superioridad de la raza blanca, los cuales marginan otros imaginarios culturales propio de las periferias del país, entre ellos negros  e indígenas, quienes por muchos años permanecieron ajenos a los proyectos culturales y sociales del país.
                Este afán  de establecer al otro como extraño se evidencia también en Carmen Lira,  quien  coloca al negro como un sujeto exótico, cuyas características físicas e identitarias contrastan con el estándar racial de lo blanco.
Había una vez un hombre rico que se ocupaba en el comercio. Quedó viudo con una hija y esta hija era una niña muy linda: parecía una machita por lo rubia y lo blanca que la había hecho Nuestro Señor. Además, tenía unos ojos que eran como ver dos rodajitas que se le hubieran sacado al cielo. Y sobre todo, sangriíta ligera y buena que daba gusto.
El hombre era ambicioso y no contento con lo que tenía, se casó de nuevo con una vieja birringa, una mujer viuda también, a quien él creía muy rica. Después de casado se convenció de que lo de los bienes de la mujer eran más hojas que almuerzo, de que tenía un genio que sólo su madre la podía aguantar y para aliviar los males, se tenía una hija fea como toditica la trampa, negra, ñata, trompuda, con el pelo pasuso y de ribete mala y malcriada como ella sola y la muy tonta se creía una imagen. (Lyra. 2006, p. 153)

Estas referencias sobre el negro reflejan un contexto donde lo caribeño y su gente es claramente diferenciado con respecto a la identidad colectiva oficial, pues el afrodescendiente  es relacionado con términos despectivos, referenciándolo  como un ente  aparte,  sin estética ni cultura.
            Posterior a las críticas de Duncan sobre el contenido racista en el texto Cocorí, aparece Joaquín Gutiérrez para rebatir ese posicionamiento y defender su obra. Ese mismo año publica un artículo en el Semanario Universidad titulado ¿Hay racismo en Costa Rica? En su  discurso  el autor enfatiza en los problemas de interpretación por parte de otros críticos, como Duncan y la filóloga Lorein Powell, a quienes además los acusa de confabular en su contra y los tacha de necios: “En cuanto a Cocorí, sí voy a salir en su defensa, porque sé que antes que la señorita Powell, Quince Duncan ha estado en la UNA  con el mismo dele que dele desde hace años”. (Semanario Universidad)
            A pesar de los  argumentos de Gutiérrez en defensa  de su obra, se debe acotar que sí hubo un pequeño cambio en el contenido del texto. Esta corrección fue la referencia de “monito” por “raro”, que se da cuando la niña ve por primera vez a Cocorí; aunque en este caso  la intención fuera buena, la verdad es que el término “raro” seguía teniendo un carácter  negativo.
            Dos años después,  la filóloga Lorein Powell publica su tesis titulada Lectura (en crisis) de tres obras racistas,  en la que incluye a Cocorí, reavivando de nuevo el conflicto representativo en la obra. Con respecto al contenido de esta  investigación, Jorge Ramírez (2014) en su artículo sobre la discriminación en las letras costarricenses,  menciona:
Fue Lorein Powell Bernard (1985) la primera en poner de manifiesto el racismo en Cocorí  (1977). Powell señaló en ese momento que la estructura significativa que engloba la novela es el colonialismo, presente en las categorías civilización y primitivismo, representados por la niña rubia y su mundo y el niño negro (p. 341)

            Posteriormente en 1995,  el Consejo Superior de Educación incluiría  en el temario de Español para II Ciclo de Enseñanza General Básica el análisis de los textos Cocorí, así como El Principito, de Antoine de Saint Exupéry. Ambas  historias están protagonizadas por niños, en ellas se privilegia el espíritu aventura y las relaciones sociales, así mismo es en dichas lecturas la referencia a la rosa constituye un referente importante que trae cambios en la vida de los personajes.   
            En este mismo año dos estudiantes  (una hija de Powell y la otra de Epsy Campbell), “interponen un recurso de amparo ante la Sala Constitucional contra el Ministerio de Educación, por haber sido obligados a leer Cocorí como requisito para la prueba de conclusión de estudios de segundo ciclo, obra que consideran “posee  contenido racista y discriminatorio.” (Bermúdez, 2003, s.p).  Parte de los argumentos que plantea Lorein Powell en su tesis son los que sirven de fundamento para la elaboración de dicho reclamo. La Sala emitiría una resolución a este caso un año después.
En contra de su voluntad se les ha obligado a estudiar un texto que los denigra, no sólo a ellos sino a su etnia, y que al mismo tiempo ha provocado comportamientos grotescos de sus compañeros de escuela, que antes de la lectura del libro no se presentaban, pues en ese texto el autor deja de manifiesto una desigualdad entre personajes de diferentes etnias: “Cocorí como el protagonista de “raza negra” y de actitudes negativas a la vida y quien sucumbe ante el otro personaje importante, que es una niña rubia de gran belleza y bondad, niña que va transformando al protagonista en uno totalmente distinto. (Sala Constitucional, Expediente 6613-95)
En dicho recurso de amparo los afectados solicitan una exclusión inmediata del texto, apelando a leyes internacionales sobre los derechos de la niñez, los cuales protegen la integridad de esta población.
Alegan que las disposiciones tendientes a la inclusión programática del libro “Cocorí” por parte del Consejo Superior de Educación, constituyen una flagrante violación al numeral 33 constitucional, a la Ley N°7184 sobre la Convención de los Derechos del Niño, en su artículo 12, y a la Convención sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación, por lo que solicitan se declare con lugar el recurso y se excluya del temario general y del “Contenido y Objetivos Temáticos para la prueba de Conclusión de Estudios de Segundo Ciclo”, y de cualquier programa del Ministerio de Educación la obra literaria “Cocorí”, por su contenido racista y discriminatorio  (Sala Constitucional, Expediente 6613-95)
Entre sus apelaciones en contra del texto estos estudiantes mencionan sentirse víctimas de matonismo y burlas por parte de sus compañeros, pues según su criterio el texto acrecienta  estereotipos raciales, por ejemplo las constantes referencias a la palabra “negro” o “negrito”,  asociados a referencias subordinantes con respecto a lo blanco,  creando  un imaginario de exclusión social.
La  Sala Constitucional rechazaría  la existencia de elementos racistas en el texto y dentro de sus consideraciones asevera que el libro “busca unir pueblos y culturas históricamente desunidos.”
La diferencia que se da entre esos dos personajes es completamente normal, tan normal como resultaría ser de diferente sexo, de diferente estatura, de diferente tono de voz, o simplemente, tener diferente textura de cabello. En ningún momento de la novela se le hace ver a Cocorí como un niño que tiene actitudes negativas hacia la vida. Todo lo contrario. Cocorí es un personaje que resalta la bondad, la simpatía, el encanto, el heroísmo y la inocencia de un niño, y esas cualidades no es que las adquirió por haber conocido a una niña rubia, como se pretende hacer ver, sino que forman parte de ese personaje independientemente de ese hecho. (Sala Constitucional, Expediente 6613-95)   
De este modo el texto Cocorí trasciende el sistema propiamente literario para insertarse en otras esferas sociales, las cuales intervienen con el objetivo  de debatir sobre el contenido de la misma y generar un criterio al respecto, creando así un fenómeno polifónico  a nivel social, en cuyo proceso se entremezclan visiones y puntos de vista variados  que responden a diferentes conciencias  y realidades socioculturales. Acercándonos así a la teoría de Maldonado (2006), según la cual  “la literatura es un fenómeno funcional y dinámico que configura un sistema social de comunicación cuyo verdadero núcleo no son  los textos, sino las acciones y los fenómenos literarios”. (p. 25)
            El recurso de amparo presentado en torno a Cocorí  deja el ámbito académico y se inserta en una esfera jurídica, el cual debe pronunciarse en favor o en contra del texto basado en  un análisis parcial del mismo. Este ámbito jurídico pasa a ser un mediador entre el lector y el texto; al ser el mismo  un ente de prestigio su valoración  final estandarizará  un tipo de lectura, es decir,  dará un criterio cuya interpretación  obtendrá una cierta legitimidad, ya que dicta un modo de entender la obra. 
            El establecimiento de máximas literarias  en torno a la interpretación de  una obra es un tema que se sale del ámbito propiamente legal, puesto que no existen  reglas de análisis que propicien un consenso, esto por cuanto cada lector asigna sus propios criterios al texto basado en aspectos empíricos y culturales.  Aun así la Sala Constitucional emitió su juicio, esto porque necesitaba una justificación que validara el texto como lectura obligatoria . 
En las consideraciones se privilegiaron sobre todo razones históricas que en este caso tiene que ver con el pasado esclavista y que son  reflejo del colonialismo europeo sobre los pueblos latinoamericanos, las cuales  muestran de un contexto histórico  que  es retomado  para dar un carácter de verosimilitud  a  la novela Cocorí.
Esta Sala no considera que exista algún elemento discriminatoria en el libro “Cocorí”. Más aún, se trata de un libro que – dentro del contexto histórico de la Costa Rica de aquellos días- trata de resaltar las virtudes de una raza que en esos tiempos estaba aún condenada por los resabios de la esclavitud, época llena de crueldades y que produjo muchos sufrimientos y vejaciones no sólo a la raza negra, sino también a la raza indígena y mestiza, entre otras. (Sala Constitucional, Expediente 6613-95)
            El planteamiento que se hace sobre el contexto histórico de la Costa Rica de antaño es una justificación de peso para validar el texto,  pues muestra la realidad en cuanto al aislamiento que sufrieron los negros  en la década de los cuarenta.  Pero tampoco deja de ser cierto que la Sala Constitucional responde a un aparato estatal cuya visión e intereses no se identifican cultural e históricamente con las etnias afrodescendientes, es decir, no hay una conciencia que responda a ese imaginario y por el contrario se presenta  un inconsciente blanco-civilizador que reproduce  un esquema de pensamiento oficial  o vallecentralista.  
Este mismo argumento del proceso histórico - modernista de civilización será privilegiado por otros intelectuales como Olga Marta Rodríguez, quien  retoma esta postura y la sustenta con otros argumentos propios de la teoría literaria.
En el año 2000 y en defensa de Cocorí,  esta profesora de la Universidad de Costa Rica publica un artículo titulado ¿Hay elementos racistas en Cocorí?, análisis literario de la novela de Joaquín Gutiérrez, en la cual descarta  la  presencia de elementos discriminatorios. De este modo se acrecientan las diferentes posturas sobre  este texto, así como  la polémica en torno a la representación del negro en la novela.
En dicho artículo la autora apela  a valores del texto como la fuerza del amor y el trabajo en equipo, pero su tesis radica en los postulados de Julia Kristeva expuestos en El texto de la novela. En la misma se concibe el texto literario como un reflejo histórico de las sociedades, para esto se establece el concepto de ambivalencia, la cual es propia de todas las sociedades  y se basa en las relaciones de poder que ejercen unos grupos sobre otros y que tienen impacto en la identidad y en la conformación histórica de las civilizaciones. La  literatura igualmente no se escapa de este proceso, pues es un producto social que responde a las ideas y carácter de una sociedad.
Rodríguez (2004) menciona:
Nuestra tesis es que la novela presenta esta ambivalencia de que nos habla Kristeva, precisamente porque es una novela. La comparación no es entre los rubios y los negros, es entre todos nosotros como identidad y el otro, poderoso, como su barco enorme, alrededor del cual todo brilla, todo es luz y magnificencia.(p. 57-58)
La autora ofrece otros ejemplos históricos que reflejan esta idea como el choque de culturas propio de las sociedades indígenas y europeas o el poderío de los Estados Unidos en la región, la cual es vista con “cierta fascinación por su poderío material” (p. 57), similar a la atracción que sintió Cocorí por el barco.
            La interpretación de esta autora tiende a crear una imagen conciliadora y niega toda imputación racista,  apelando a la temática propia que envuelve a toda novela,  la cual guarda relación con una cierta conformación histórica que  refleja la realidad de un pasado de dominación colonial, en donde a  los negros no se les permitía participar en igualdad de condiciones en el sistema social, cultural y económico, por lo cual su situación de subordinación marcaba un claro contraste con la cultura blanca dominante.
En el análisis interpretativo  se privilegian y justifican  de todas las imágenes consideradas como polémicas: Mamá Bruselas no “se enoja “brama” y “zapatea” como lo hacen los ciervos y otros animales salvajes” según la interpretación de Duncan, sino que es “preocupada por su hijo y cariñosa” (p. 57); así mismo el negro no es vago, sino interesante y al ser cantor es representante del arte caribeño.
Se puede cuestionar el posicionamiento de Rodríguez  en el sentido de que este se basa en acercar los posicionamientos históricos del modernismo al texto, aun cuando los discursos tradicionalistas han sido desplazados por las nuevas visiones, retomadas estas por los estudios  poscoloniales y que procuran la reivindicación de los sujetos subalternos mediante la agencia representativa de los sujetos subalternos. En este caso se podría decir que la temática colonialista de Cocorí responde a una visión ya superada por nuestra sociedad latinoamericana, ante esto ( y en el caso de la población afrodescendiente),  es justo cuestionar las viejas referencias y propiciar textos que creen nuevas representaciones en cuanto a las minorías étnicas,  con el fin de eliminar los binarismos colonizador-colonizado.
            Con respecto al sistema educativo, el texto se mantuvo como lectura obligatoria, precisamente la Sala en su resolución acertó en su mención sobre la importancia de una adecuada mediación pedagógica del docente con respecto al contenido de la obra.
Si ha existido algún tipo de reacción contra niños de raza negra por la lectura de ese libro, esto podría evitarse con una acertada intervención del cuerpo docente de cada Centro Educativo, pues ellos tienen la obligación de que el material literario objeto de examen, sea analizado en forma objetiva, y no sea tergiversado por los alumnos. (Sala Constitucional, Expediente 6613-95)
Este punto es importante si se considera que en el ámbito educativo el estudiante efectúa una lectura del texto guiado por su profesor. En este caso el docente es responsable del proceso de aprendizaje y por ello tiene el deber de generar un conocimiento efectivo e integral, en donde lo literario e histórico se combinen   de tal manera que genere  un debate crítico el cual  promueva la tolerancia y la igualdad,  además de privilegiar aspectos morales del texto como la amistad, la ayuda, la valentía, entre otros que se desprendan del texto.
            En el   2003 en vez de crear capacitaciones en torno a la implementación de métodos didácticos para  una temática inclusiva del texto, más bien se  efectúa un señalamiento de la obra por parte de un jerarca del MEP. El viceministro Académico de Educación, Wilfrido Blanco, es quien “envía una nota a los Directores Regionales de Enseñanza en la que recalca que "por constantes consultas y demostraciones de inconformidad (...) aducen que la citada obra contiene aspectos discriminatorios", y señala que para el curso lectivo 2003 la obra Cocorí no es de carácter obligatorio.”(La Nación). Este señalamiento aduce la presencia de contenidos racistas en el texto, el mismo es señalado de forma negativa por autoridades del MEP sin haber un estudio previo que lo justifique.
            A pesar del señalamiento de la Sala Constitucional, el presidente Abel Pacheco y  el viceministro Wilfrido asumen una posición contraria y señalan el contenido del texto como racista. Este hecho generó un segundo recurso de amparo, el cual se exponen  en  la Sentencia Nº 05317 de Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.  En la que Federico Malavassi  Calvo (2003) expone su inconformidad por la decisión del  presidente Pacheco y el viceministro Wilfrido, por expresarse abiertamente de forma condenatoria sobre el contenido del texto eliminando en consecuencia la obligatoriedad de su lectura en las aulas. En el contenido de este documento se menciona lo siguiente:
El Presidente de la República, Dr. Abel Pacheco de la Espriella, ha reconocido ante el público que quitó ese material como parte de las lecturas obligatorias del Ciclo Educativo Costarricense, en atención a las diversas formas de presión que han ejercido sobre su persona varias personas, como la diputada Epsy Campbell Barr, Quince Duncan, la Ministra de la Condición de la Mujer, Esmeralda Britton, la escritora Eulalia Bernard y la Asociación Proyecto Caribe, lo que se puede confirmar con la expresión del Viceministro del MEP para el área académica, Wilfrido Blanco Mora, quien en nota DVM-0222-03 de 24 de enero de 2003 ha girado instrucciones a los directores y directoras regionales de enseñanza para que supriman esa obra como lectura obligatoria. (Sentencia nº 05317)          
             La novela Cocorí  no es suprimida totalmente de los planes de estudio, la misma solamente deja de ser obligatoria, lo que da la libertad al docente de utilizarla en su proceso de enseñanza, las interpretaciones racistas que el Presidente y el Viceministro le asignan al texto crean un efecto despectivo sobre la reputación de la obra, lo cual indispone tanto a docentes como a sus lectores.  Así lo reconoce  Sebastián Vaquerano (2003), quien funge como representante de la editorial Legado (empresa que tiene los derechos sobre el texto).  En una entrevista hecha por el Semanario  este menciona que “no existen dudas de que el procedimiento empleado con la circular del 24 de enero  tiene como fin utilizar “un subterfugio retórico para inducir a los maestros a retirar Cocorí como recomendación de lectura en las escuelas”. (Semanario Universidad).
            Precisamente el señalamiento racista que le asignan estas figuras de poder al texto son  parte del cuestionamiento elaborado por Malavassi, puesto que al establecer dichos criterios contravienen a los señalamientos propuestos por la Sala Constitucional en la sentencia N°0509-96.
            De hecho, los señalamientos  de racismo  en el texto fueron establecidos de manera oficial únicamente por el Presidente y el Viceministro,  porque según el Semanario Universidad (2003), el  Ministerio de Educación Pública nunca realizó un análisis interpretativo al respecto para avalar o descartar los señalamientos en torno a la novela.  Esto debido a que “al existir la disposición del Consejo Superior de Educación, de eliminar la obligatoriedad de textos literarios para primaria, no fue necesario un estudio para determinar si el texto contiene elementos raciales y discriminatorios.”(2003).
            Con respecto a los señalamientos de Abel Pacheco y Wilfrido sobre el texto, la Sala falla en favor de estos,  amparados en el artículo 19, inciso 2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de la ONU sobre la libertad de expresión.
Toda Persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección. (Sentencia nº 05317)
            El panorama que se nos presenta es de una opinión dividida entre los mismos representantes del gobierno: primero la Sala Constitucional rechaza los elementos racistas en el texto y por otro el presidente Abel Pacheco y el viceministro  Wilfrido se pronuncian en favor de la postura  del grupo Proyecto Caribe, abalando así  sus conclusiones de que el texto Cocorí es racista y por ende, no debe ser considerado dentro del canon de lecturas obligatorias por parte del MEP.
La inclusión política en la interpretación de la obra y la estigmatización que han hecho de la misma, surge a partir de presiones internas de representantes como Grupo Caribe, pues en estas instancias el poder de ejecución es más rápido y tiene mayor legitimidad, sobre todo si se toma en cuenta que tiene el aval del Presidente. 
            La contradicción en cuanto a los posicionamientos ideológicos con que cada grupo de poder ejecuta su interpretación muestra como la temática de un texto propicia un conversatorio a nivel nacional y la misma permite la aparición de cuestionamientos éticos que por muchos años habían estado al margen del discurso oficial y que tienen que ver con el proyecto identitario y de desarrollo  que por muchos años ha  buscado  reflejar el país. Este debate sobre la representación del negro en la novela  es igualmente el cuestionamiento sobre la discriminación del sistema en torno a las minorías o al olvido de esta población por parte del gobierno en cuanto a la cuestión económica, social y cultural.
             
Proyecto Caribe  
La Asociación  Proyecto Caribe  es un grupo sin fines de lucro, el cual está conformado  por personajes influyentes  como la diputada Epsy Campbell, la exministra Esmeralda Britton, el escritor Quince Duncan, entre otros, cuyos objetivos son defender los derechos de las personas afrodescendientes y fortalecer su identidad.  Sus fines como grupo organizado son las siguientes:
·      Igualdad y respeto en la diversidad.
·      Unión y convergencia de los organismos Afrocostarricenses.
·      Fraternidad con todos los sectores que compartan los principios y filosofía de la Asociación.
·      Lucha contra el racismo y la discriminación en cualquiera de sus manifestaciones.
·         Reivindicación histórica de la herencia africana y sus contribuciones en el desarrollo del mundo. (www.proyectocaribecr.org)
Precisamente una de estas luchas en pro de la reivindicación de la identidad afrodescendiente  lo constituye hasta la actualidad  la crítica constante a cualquier legitimación del texto Cocorí, en vista de que según su criterio,  dicho texto no representa la identidad afrodescendiente y más bien lesiona esa imagen. Estos cuestionamientos  han sido una constante en este grupo y según la opinión de Allen (2003)  esto “obedece a un proceso en el que se han invertido más de 20 años para demostrar que Cocorí crea una discriminación para los afrocaribeños.”
El Grupo Caribe funge como una organización no gubernamental con apoyo internacional, sobre todo por organismos como la ONU, quien a partir de estudios realizados en el 2010 sobre el afrodescendiente en Costa Rica,  propuso las siguientes recomendaciones: “documentar y denunciar los casos de discriminación por género y etnia de la que sean víctimas personas afrodescendientes, especialmente niños, niñas, adolescentes y mujeres.” (p. 91). Las conclusiones de esta investigación  poseen un respaldo internacional y constituyen  referencias válidas para deslegitimar un texto como Cocorí, el cual según Grupo Caribe muestra una representación  denigrante de los niños de raza negra, quienes además son víctimas de acoso debido a los estereotipos que el texto promueve.
Parte de lo que este grupo ha criticado del texto es sobre todo sus referencias iniciales sobre Cocorí, a quien se le asignan apelativos como raro y negro.  Según Quince Duncan (2015) esta última referencia posee una carga semántica  ofensiva.
Así en toda la novela el niño negro, Cocorí, es tratado como “negrito” unas cuarenta veces y no pude encontrar ni una sola vez en que fuese tratado como niño, salvo aquella en que él mismo se declara incapaz, por niño, de comprender lo que estaba pasando (p.33). La niña blanca en cambio siempre es tratada como “niña” sin ningún calificativo. (www.elpais.cr)

            Este concepto de negro es considerado en la actualidad como un término inoperante para referirse a la población de ascendencia africana y en vez de ello se acunan referencias como afrodescendientes o en el caso de nuestro país afrocostarricenses.
Políticamente el concepto de afrodescendiente fue acuñado con fuerza en el año 2000, cuando las organizaciones sociales se movilizaron en torno a la preparación de la Cumbre Mundial contra el
racismo. La afirmación que en aquel entonces de entramos como negros y salimos como afrodescendientes. Es una afirmación de fondo que simboliza una ruptura epistemológica de gran significación estratégica. Se alude a una evolución conceptual de la identidad cultural y política de los descendientes de la diáspora africana. Se abandona el tradicional concepto de “negro”, el cual implica el contexto amplio de significación racial, para abordar un concepto de “afrodescendiente” dentro de un modelo más complejo, de identidad, que traspasa la “raza” para reconocerse a sí mismo como una comunidad étnica (Sandoval y Solano, 2010, p. 26-27)

El hecho de criticar el texto Cocorí por el uso constante del término negro, responde a una necesidad de reivindicación, en donde  ya no se asocie el color de la piel con una etnia y más bien se establezcan referentes regionales  según la descendencia de las diferentes culturas que tienen procedencia africana: afrocaribeños, afroamericanos, afrocostarricenses. Por este motivo los grupos organizados en torno a este proyecto identitario manifiestan que seguirán “luchando para que dejen de poner en los libros y donde quiera que se refieran a nosotros negros porque negro es un color, y sí somos afrodescendientes y todos estamos de acuerdo que somos afrodescendientes” (p. 27)
  Dentro de esta iniciativa los grupos afrocostarricenses se pretende  propiciar una representación que nazca a partir de su visión identitaria y cultural, es decir, que surja a partir de su propia agencia y de ese modo reflejar una imagen más acorde con los ideales del contexto  limonense.  Una  de sus propuestas al gobierno fue incluir escritores de ascendencia negra, que tengan una legitimación real por parte del Grupo Caribe y la sociedad limonense a la que representan.
Las autoridades competentes del MEP han accedido a  solicitudes parciales por parte del estos grupos, pues la lectura de la novela Cocorí sigue estando en la lista de textos opcionales  para el primer ciclo de enseñanza y además (al menos en secundaria) no se han incluido obras de escritores afrodescendientes como en el caso de Quince Duncan, quien posee una extensa producción literaria.


           
Conclusiones

·         Se han generado diversas interpretaciones en torno a la representación del negro en la novela Cocorí, el debate que se ha generado al respecto ha trascendido el ámbito literario, llegando incluso a otras esferas de carácter público, los cuales han emitido criterios en favor y en contra  del texto, por lo cual no existe un consenso  al respecto, esto hace que cualquier manifestación del texto en la esfera social genere nuevos debates en torno al racismo.

·         La inclusión de una literatura representacional de la identidad afordescendiente sigue estando pendiente en el canon de lecturas del MEP, cuyo plan de estudio incluye obras tendientes a reforzar la identidad y valores de la cultura oficial, además a nivel de educación diversificada se privilegian  textos que responden a corrientes literarias a nivel nacional, en las cuales los autores negros permanecen ausentes.

·         Si bien la lectura posee referencias colonialistas que privilegian lo blanco y colocan  lo negro como exótico, esto no constituye una  justificación para evadir su lectura, sino por el contrario,  lo cierto es que es deber de cada docente resaltar los valores positivos que se desprenden del texto y formular técnicas que fomenten una participación inclusiva de los estudiantes con la cultura afrodescendiente.




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