viernes, 1 de mayo de 2020

Análisis Oración de un desocupado de Juan Gelman


Padre,
     desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
                    bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
               este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
            bájate, qué han hecho
de tu criatura, Padre?
            un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?
de "Violín y otras cuestiones"






El existencialismo y su cuestionamiento al discurso religioso, en el poema “Oración de un desocupado” de Juan Gelman.

            Todos en algún momento hemos tenido que elevar una oración al cielo. Este acto de devoción y fe se realiza generalmente en los momentos de mayor impotencia y ante determinadas situaciones, frente a las cuales  necesitamos  refugiarnos en la esperanza de una intercesión divina.
            El poema “Oración de un desocupado” refleja la impotencia que siente el hombre  ante una sociedad deshumanizado, cuyas esperanzas de un porvenir mejor han desaparecido; frente a esta realidad deprimente el yo lírico se refugia en el mundo metafísico de la fe para cuestionarla y denunciar al mismo tiempo la realidad en la que se encuentra inmerso.
            Se va a distinguir claramente en este poema los rasgos del existencialismo, reflejados en la soledad, miseria del hombre y sobre todo la desesperanza, esto a través de las promesas de amor y justicia expresadas históricamente en el discurso religioso.
De primera entrada se puede percibir el descontento, así como la pérdida de la fe que está experimentando el yo lírico. Su abuela representa un motivo de vida, también es un apoyo espiritual, pero ella  ha muerto. La soledad que  acompaña a este desposeído ha llegado a un punto máximo de desesperación que le obliga a elevar una plegaria pidiendo auxilio.
Padre, 
     desde los cielos bájate, he olvidado
 
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,

                        En el poema es reiterativo el verso “desde los cielos bájate”  en tono imperativo, para solicitar sosiego y justicia.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre /…/
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay, en esta esquina…

 Según el discurso religioso, Jesús vendrá por segunda vez para  juzgar a los hombres y Él será la esperanza de los desposeídos y los sufrientes; según las promesas de Dios, las miserias de este mundo serán el tesoro en la otra vida; o como dice en Mateo 5:6: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados.                                                           Sobre este mismo tema valga mencionar el famoso salmo 23, el cual se contrapone al poema aquí analizado:
El Señor es mi Pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
 junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma; me guiará por sendas
de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo;
 tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Aderezas mesa delante de mí en presencia
de mis angustiadores; unges mi cabeza con
aceite; mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me
seguirán todos los días de mi vida, y en la
casa del Señor moraré por largos días.

            Con discursos de fe y esperanza hacia las mayorías desposeídas es que la religión católica ha logrado expandirse a todo el mundo, pero la misma ofrece felicidad en la otra vida (después de la muerte), y obliga a sus creyentes a conformarse con el estatus de su condición y a evitar todo pecado para poder ser parte del paraíso: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, porque amo a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Corintios 8:9). Es precisamente así como la iglesia mantiene su orden mundial. Precisamente en el texto “El Gran Inquisidor” de Dostoievski (1977:181) el autor desenvuelve este tema de la fe y cómo se ha utilizado para crear personas dependientes y obedientes al sistema: Han pasado ya quince siglos desde que Cristo dijo: "No tardaré en volver. El día y la hora, nadie, ni el propio Hijo, las sabe". Tales fueron sus palabras al desparecer, y la Humanidad le espera siempre con la misma fe, o acaso con fe más ardiente aún que hace quince siglo.
 El yo lírico al exigir a la Divinidad que baje en ese preciso instante de necesidad contraviene el discurso oficial. El hablante ya no responde a las creencias del colectivo, sino que se aleja de ellos, pues está haciendo conciencia de su realidad, en el sentido de que ha crecido en una cultura que le ha amoldado y le ha enseñado en qué debe creer y cómo debe comportarse, eso hace que al tomar conciencia sobre su realidad y darse cuenta de que está viviendo una farsa, el golpe psicológico sea más duro. Esa circunstancia sume al yo lírico en una depresión e impotencia, pues todas sus esperanzas se desvanecen en la nada; por ello menciona “…he olvidado las oraciones que me enseñó la abuela…” o bien “…no sé de qué sirve haber nacido…”   y también, “…esta angustia, este estómago vacío…”. Refiriéndonos aquí a la angustia y al vacio como  palabras sumamente pesimistas y de peso en cuanto a lo que el existencialismo se refiere. Al respecto Kierkegaard, citado por León Chestov menciona:

Mi dureza no procede de mí; si hubiese conocido una palabra calmante, me habría sentido feliz de poder consolar /…/ ¡Y sin embargo, sin embargo! Tal vez el que sufre carece de otra cosa: de sufrimientos más intensos todavía. ¡Sufrimientos aún más intensos! ¿Quién es lo bastante cruel como para atreverse a decir esto?  Amigo mío, el cristianismo, es la doctrina que se nos ofrece como el más dulce consuelo (1965:139)

Unos viven condicionados o adoctrinados en un imaginario metafísico que no les es lícito cuestionar, pero el yo lírico (que representa una minoría marginada) duda de esas promesas de prosperidad y a la vez su impotencia lo conduce casi al borde de la locura, pues todo es un sinsentido, todo es un absurdo: su Dios es como su gobierno, no le escucha; esto equivale a un doble rechazo, es decir, a una soledad total:

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
 
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
 bájate un poco, contempla
 
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,

            Se desprende del poema la idea de que la vida es un sufrimiento continuo, que nada, mucho menos la fe logra cambiar, pues no hay igualdad, sino solamente olvido, rechazo, hambre y pobreza. Sobre esta percepción de la existencia San Agustín acertaba a establecer las siguientes argumentaciones: “La vida es como una enfermedad que se cura con la muerte”,   “La vida es una enfermedad continua, la curamos con comida, abrigo y ejercicio, pero al final ella nos vence”.
            El ambiente que se expone en el poema es como un espejo  que refleja la realidad del contexto, nos ubicamos en una época de mediados del siglo XX en Argentina, donde no solo las dos guerras mundiales han afectado psíquica, política, económica y socialmente, sino que también la inestabilidad de los gobiernos y la corrupción han cobrado factura a la población.
            El poema en este caso es muestra del  sentir del pueblo, en el mismo se expone la represión social, el olvido y la miseria.

yo no robé, no asesiné, fui niño 
y en cambio me golpean y golpean,
 
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
 
si estás, que busco
 
resignación en mí y no tengo

El yo lírico está inmerso en un contexto de violencia continua, es acallado, reprimido y olvidado, pero sobre todo no se le trata como ser humano, pues carece de necesidades básicas como hogar, comida, trabajo. La carencia de estos elementos trae consecuencias sociales, entre ellas inseguridad, asesinatos, narcotráfico, robos, entre otros; pues  las necesidades primarias, como el hambre, hacen que el ser humano al igual que los animales despierte su instinto de sobrevivencia y se transforme. León Chestov  refiere a la necesidad como muda e insensible, que se limita a herir al hombre indefenso (…) no solo la razón no se atreve a luchar contra la necesidad, sino que la sostiene (1965:89). Asimismo el yo lírico llega al límite de su carencia; todos sus años de lucha, miseria, olvido y ahora su soledad, crean una tempestad interna de insatisfacción que lo lleva a tomar una postura violenta para procurar su sobrevivencia.

que busco
resignación en mí y no tengo y voy 
a agarrarme la rabia y a afilarla
 
para pegar y voy
 
a gritar a sangre en cuello
porque no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre



La cita supone una ironía y a la vez un rompimiento del canon, pues el yo lírico en su oración lanza un reto a la Divinidad, pues está cansado de que nadie le escuche: ni el gobierno, ni mucho menos su Dios. Va a dejar de ser pacífico, bueno y sumiso, para convertirse en un individuo que lucha por su dignidad, aunque para lograr esos derechos tenga que haber sangre de por medio.
En conclusión, el yo lírico es la voz desesperada de una clase pobre y olvidada, él se encarga de criticar  la falsa moral de la Iglesia y a sus engañosas doctrinas, las cuales sirven para fomentar el status quo de un sistema corrupto, que muchas veces contradice todo lo que es humanamente aceptable, mediante un sistema capitalista de opresores y oprimidos. Asimismo el poema defiende la dignidad de todos los hombres, los cuales no tienen culpa de haber nacido bajo el yugo de una cultura y una sociedad injusta, que no les deja alzar la cabeza. Igualmente en sus últimos versos, el yo lírico justifica la lucha y la revolución por esos mismos intentos de procurar una vida decente, al respecto se mencionan los versos “sangre en cuello” y “soy un hombre”, para referirse a una inevitable revolución popular, en la que según Marx “Los expropiadores van a ser expropiados”(1976: 261).




















Bibliografía

Dostoievski, Fedor.1977. Los hermanos Karamazof. Barcelona. Editorial: Sopena.

Chestov, León.1965. Kierkegaard y la Filosofía Existencial. 3ª ed. Buenos Aires, Argentina.                  
              Editorial: Sudamericana.

Marx, Carlos. 1976. El capital. México D.F. Editorial: Anaya Editores S.A.

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